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Bailando con tiburones

Publicado por Karlos SimonCategories: TiburonesTags: , , , , , Comentarios: ¿Te gusta? Deja el primer comentario.

Bailando con tiburones

 

Agosto 2016.

Después de interactuar con tiburones tigre durante mi record de permanencia de 12 horas sin salir del agua en Bahamas en 2011 y dar mis primeros pasos en inmovilidad tónica en 2014 con esa misma especie, el pasado mes de abril seguí investigando un poco más sobre la técnica de dejar inmóviles a los tiburones en su medio natural.

Un poco de historia sobre inmovilidad tónica con tiburones

En 1998 tuve la oportunidad de conocer en Sudáfrica a Andre Hartman, primera persona en bucear sin jaula con el tiburón blanco. En muchas de sus interacciones con esta especie, Hartman había descubierto que tocándoles en el hocico entraban en una especie de trance.

Aunque hay muchos estudios previos sobre hipnosis animal, se puede decir que Hartman, con estas acciones realizadas en los años 80, fue el precursor de los principios de inmovilidad tónica con tiburones. Todas ellas fueron realizadas en superficie donde el tiburón blanco, después de tocarle en el hocico, se mantenía vertical con la cabeza fuera del agua, abriendo y cerrando la boca lentamente durante unos segundos.

Donde se empezó a utilizar con fines científicos la inmovilidad tónica con tiburones fue en 1993 en Hawaii. Los investigadores Carl Meyer y Kim Holland tenían que realizar un proyecto para el instituto de Biología Marina de Hawaii para determinar si las poblaciones de tiburones tigre podían permanecer residentes en distintos arrecifes de sus islas. Para ello capturaron varios ejemplares y una vez en superficie, dándoles la vuelta, les indujeron a inmovilidad tónica para fijarles transmisores.

NWHI - Tiger shark tagging

 

En 1994, Alan D. Henningsen, hizo un estudio de inmovilidad tónica con 12 especies de elasmobranquios, entre ellos el tiburón leopardo, puntas blancas de arrecife, puntas negras de arrecife y tiburón del caribe. La media de tiempo de inmovilidad fue de 16,7 segundos, auque algunos tiburones de arrecife estuvieron 274 segundos. Afirmaba Henningsen que estas prácticas podrían ser de gran ayuda para los tiburones en procesos médicos.

Más tarde, otros investigadores como el Dr. Brooks o el Dr. Gruber, ambos residentes en Bahamas, han realizado también estas prácticas siempre con fines científicos.

Relación con tiburones

En la actualidad, una referencia en tiburones a nivel mundial es la italiana Cristina Zenato. Con su experiencia de más de 20 años con los “Caribbean reef sharks”, Cristina ha conseguido tener una relación muy especial con esta especie de tiburones hasta el punto de dejarles inmóviles durante 15 minutos.

El pasado mes de diciembre, después de bucear con Zenato en Gran Bahama, pudimos intercambiar distintos puntos de vista sobre la inmovilidad tónica y sus acciones con tiburones. Sin duda, comentaba Cristina, “después de tanto tiempo buceando con ellos en la misma zona, ya me conocen, por esta misma razón les puedo ayudar en su propio medio sin necesidad de sacarlos del agua, por ejemplo, quitándoles anzuelos de la boca”, momento en el que me mostró una caja con más de 50 anzuelos que ella misma les había quitado.

Apuntaba Cristina que ella realmente no hace inmovilidad tónica porque no hay ninguna manipulación de obligación hacia el tiburón. “Después de tanto tiempo buceando con ellos, los tiburones deciden qué hacer. Hay veces que les toco en el hocico pero hay otras veces que no, muchas veces vienen solos y se posan sobre mi”. Ella está segura de que existe una relación y que por ese motivo, y por su fidelidad de tantos años al mismo sitio de buceo, puede conseguir muchas cosas de las que hace.

kzenato

 

Inmovilidad tónica con tiburones tigre (Marzo 2016)

Poder ayudar a los tiburones, uno de mis objetivos…

Viendo la ayuda que Cristina Zenato presta a los tiburones de arrecife y viendo también como en algunos casos se investiga con ellos, capturándoles y atándoles en el costado de un barco para inducirles a inmovilidad tónica, decidí intentar está técnica con tiburones tigre en su propio hábitat.

En 2014, en Bahamas, tuve mi primera experiencia. Los primeros intentos los hice acariciando su hocico. El resultado en este caso no fue exitoso, un tiburón tigre de 4 metros parece ser que no se para con una simple caricia en su nariz. Los siguientes intentos los realicé con la técnica de “inversión física”, es decir, intentando darle la vuelta de la misma forma que lo hizo Kim Holland en Hawaii, pero en este caso dentro del agua, no en superficie. Después de varios intentos conseguí cerrar su boca y ponerle vertical, pero su inmovilidad fue muy leve.

El pasado mes de marzo, también en Bahamas, volví a intentarlo. En esta ocasión tenía mucho más claro como hacer la técnica: había que cerrar suavemente su boca para voltearle seguidamente hasta ponerlo horizontal. Posiblemente al quedarse en esta posición, la inmovilidad se mantuviera.

Haciendo un inciso en mi relato, y como dato curioso, la naturaleza aprovecha la inmovilidad tónica como herramienta de rechazo en el proceso de apareamiento. Es el caso en algunas especies de tiburón, las hembras se hacen las muertas (inmovilidad tónica voluntaria) para que el macho no se interese por ellas y pasar así desapercibidas. El macho buscará otra hembra que muestre estar en plena forma para asegurarse que su descendencia será fuerte y sana.

Volviendo a mi nuevo intento, que se produjo justo con hembras, las cuales ya adelanto que no se hicieron las muertas de forma voluntaria…, decir que finalmente, después de varios intentos, conseguí poner de forma totalmente horizontal a un ejemplar de tiburón tigre de 4 metros. La técnica fue efectiva al 100%. El tiempo que el tiburón estuvo inmóvil en posición horizontal fue todavía escaso, no más de 6 segundos, aunque posiblemente podía haber permanecido más tiempo pero al percibir que el tiburón no estaba demasiado cómodo, le solté.

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Hay animales, invertebrados y vertebrados, que ellos mismos se provocan este estado cataléptico de parálisis, inmovilidad tónica, como defensa ante un atacante. También los hay más “listos” que se provocan a si mismos esta “pseudo parálisis”, no para evitar ser cazados sino para convertirse en sigilosos cazadores. Está claro entonces que si ellos mismos se provocan este estado, mucho mal no les tiene que hacer. Por último, está el caso de inmovilidad tónica provocada, esto es, provocada por investigadores como herramienta de trabajo o para investigación.

Después de mis experiencias en este campo, intentar provocar inmovilidad tónica a un tiburón tigre debajo del agua sin duda puede ser muy positivo para la comunidad científica, pero si no se consigue de forma correcta, la acción parece ser más incómoda para el tiburón que otra cosa.

Está demostrado, y he citado varios ejemplos anteriormente, que utilizando estas técnicas se puede ayudar a los tiburones, pero en el caso de los tigres, y más intentándolo debajo del agua, hay que tener mucha más dedicación, la cual espero tener en un futuro muy próximo, para encontrar la mejor manera de hacerlo, quizás llegando al punto de buscar una relación, no simplemente una técnica, como hace Cristina Zenato con sus tiburones de arrecife.

Tocar y alimentar tiburones

Difundir el mundo de los tiburones, otro de mis objetivos.

Cuanto más y mejor les conozca la gente más los protegerán y se darán cuenta de su importancia. Ya lo decía Jacques Cousteau: “sólo amamos aquello que conocemos”. Pero…¿qué caminos se pueden seguir para conseguirlo?

Sin duda, lo mejor que se ha podido hacer desde hace décadas es bucear con ellos, demostrando desde un inicio que no se comen a los buceadores. Aún así, la figura del tiburón sigue causando terror en casi todo el mundo. Decenas de películas y noticias mal enfocadas han sido y seguirán siendo las protagonistas del pánico a estos animales, con lo que no es suficiente que muchos buceadores “observemos” tiburones en las inmersiones.

¿Qué puede hacer cambiar esto? Demostrar con hechos que realmente no somos su alimento, es decir, que no son “devoradores de hombres”, ¿Cómo? Buceando con cebo. No hay mejor prueba que “darles a elegir” entre el buceador y la caja con pescado, hablando de una forma “metafórica”.

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Varios centros de buceo en el mundo llevan haciendo este tipo de inmersiones desde hace muchos años. El guía baja con una caja con cebo y en algunos casos, alimenta a los tiburones. En otros casos el cebo sólo sirve para atraerlos y poder así observarles mucho más de cerca. Cuando hay alimentación directa se ve claramente el interés del tiburón por el cebo y cuando el pescado permanece en la caja, se puede observar como olisquean sin parar a su alrededor sin prestar apenas atención al guía y mucho menos a los buceadores que están observando.

Centros de buceo como Stella Maris en Long Island y Stuart Cove en Nassau, fueron pioneros en la alimentación de tiburones. Sin ir más lejos, Cristina Zenato, no sólo alimenta a los tiburones en inmersiones convencionales con clientes sino que da cursos de cómo hacerlo, demostrando sin duda que los tiburones tienen interés por el cebo, no por los buceadores.

Algunas persona catalogan estas inmersiones como “actos circenses”. La mayor diferencia es que nosotros nos desplazamos a su hábitat natural donde los animales son libres, en vez de ser devueltos a jaulas, en el recinto de un circo, justo después de la actuación. Así que categóricamente no es un acto circense. Con estas acciones hay mucha gente que cambia su idea hacia los tiburones, uno de mis objetivos principales en mi relación con los escualos.

Que duda cabe que hay que informar bien donde están los límites y quien puede traspasarlos. “Niños, no hagáis esto en vuestras inmersiones” sería una frase “típica” que podríamos añadir a fotos o vídeos todos aquellos que alimentamos o tocamos a los tiburones. Por lo menos en mi caso, siempre que doy un curso, doy una conferencia o tengo oportunidad de hablar de tiburones indico que para bucear con ellos hay que saber hacerlo y que sin duda la alimentación o cualquier práctica como la inmovilidad tónica deber ser hecha sólo por expertos, auque la práctica de tocar o acariciar a algunos tiburones, con una buena información previa de cómo hacerlo y supervisada por guías expertos, puede ser realizada por cualquier buceador. No olvidaré las palabras de Leandro Blanco cuando en una de las ediciones del festival de cine submarino de Valladolid a la que ambos fuimos invitados, dijo: “Animo a todos los buceadores que, con respeto, acaricien lo que el fondo marino nos proporciona, sería una pena no sentir el tacto de un pulpo o la piel de un tiburón”.

Sobre el hecho de alimentarlos, existe un “argumento” que consiste en que si alimentamos tiburones sobre una base de regularidad y siempre en un mismo lugar, se altera su comportamiento asociando la actividad del buceador con la comida lo cual impacta al medio ambiente. Podría ser verdad, pero muy poco significativo en los grandes esquemas de cómo suceden las cosas en los océanos. Además, la comida que se les ofrece la pueden encontrar de forma natural en su zona de caza por lo que existen pocos motivos para dar una señal de alarma por realizar estas prácticas.

Por otro lado existen beneficios adicionales en organizar este tipo de actividades de alimentación, unas dirigidas al propio negocio de la industria del buceo y otras dirigidas a científicos e investigadores. El océano es un laboratorio donde difícilmente se consiguen los elementos necesarios para hacer diferentes investigaciones por lo que estas prácticas pueden ayudar sin duda a conocer mejor a los tiburones.

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¿Contra quién hay que luchar de verdad?

El objetivo final de mis acciones con tiburones va dirigido a su protección.

Cómo dato curioso: España es la cuarta potencia mundial en la pesca de tiburones…
Otro dato aún más curioso y dramático: Al año se matan más de 100 millones de tiburones en el mundo, sobre todo para quitarles las aletas. Si seguimos a este ritmo, los Océanos se quedarán sin vida.

Los tiburones son esenciales para los ecosistemas marinos. Consiguen un equilibrio poblacional en las especies que son su alimento y mantienen “la salud” del océano mediante la eliminación de animales enfermos. Sin embargo, su vulnerabilidad debido al reducido número de crías, la lenta maduración sexual y ciclos reproductivos que pueden alcanzar hasta los 22 meses, aumenta con la escasez de presas, la contaminación, la destrucción del hábitat y con la cruel práctica del “finning” (corte de las aletas de un tiburón y devolución al mar del ejemplar… vivo).

Según explican los científicos, la explotación de los tiburones grandes a nivel mundial en las últimas décadas se debe sobre todo a la creciente demanda de aleta y carne de tiburón, aunque también porque los escualos se convierten en pesca ‘accidental’ durante otras capturas (atún y pez espada). De hecho, según un informe de la organización ecologista OCEANA, cada año alrededor de 100 millones de tiburones caen en las redes de los barcos pesqueros, ya sea de manera intencionada o accidental.

Por ejemplo, la paulatina desaparición de grandes tiburones en el noroeste del océano Atlántico ha provocado una disminución de las poblaciones de ostras, almejas, ostiones y otros moluscos, según una investigación de científicos norteamericanos. En su estudio, los expertos explican que la desaparición de los escualos grandes ha provocado a su vez un aumento en la población de tiburones de tamaño medio y rayas, (que sirven de alimento a las especies de mayor tamaño, desaparecidas). Dado que las especies pequeñas de escualos se alimentan de bivalvos y mariscos, las poblaciones de estas especies se ven seriamente afectadas por la merma de grandes tiburones.

Aunque es evidente que esto puede afectar de forma considerable al comercio de empresas dedicadas al marisco haciendo peligrar su economía, actualmente se desconoce exactamente las consecuencias que estos factores pueden desencadenar. La merma irreversible o desaparición de una especie vital de los océanos como es el tiburón no presagia nada bueno, pudiéndose pronosticar fatales efectos dominó con la desestabilización y deterioro irreparable en las funciones del ecosistema marino.

Hay que detener la pesca indiscriminada de tiburones por parte de muchos gobiernos (incluido el español, que por detrás de Taiwán, es el cuarto proveedor mundial de aletas de tiburón) que está acabando con las poblaciones de tiburones, así como detener también el cruel negocio del “finning”, controlado por mafias tan poderosas y atroces a la par con el tráfico de armas o el tráfico de drogas.

Si no detenemos este reguero de crímenes, muy pronto, quizás en décadas, perdamos al tiburón, una criatura que ha sobrevivido durante más de 400 millones de años, resistiendo el impacto climático que causó la extinción de los dinosaurios y que hoy, por culpa de la avaricia humana, estamos llevando al borde de su extinción.

Mbour (Senegal)

 

¿Cómo podemos ayudar a protegerlos?

Aunque no es tarea fácil, todo podemos aportar nuestro “granito de arena” realizando las siguientes acciones:

  • No pedir sopa de aleta de tiburón. Es totalmente incierto que de más vigor sexual además de ser una sopa totalmente insípida.
  • No consumir carne de tiburón. Hay otros peces que son de igual o mejor sabor que los tiburones.
  • No comprar productos ni adornos derivados de los tiburones.
  • Promover entre nuestra comunidad que en muchos países se están pescando tiburones en peligro de extinción.
  • Animar a los buceadores que conozcan a los tiburones y que buceen con ellos. Esto hará que los gobiernos detecten un aumento de ingresos en el sector turístico y piensen en proteger en vez de matar tiburones.
  • Una vez que ya conocemos el mundo de los tiburones, informar al público en general que el tiburón no es un asesino de humanos.

Como reflexión final y respondiendo a la última pregunta de mi artículo de “contra quien hay que luchar de verdad”, hay que hacerlo en contra de la gente que mata tiburones, no en contra de los que intentamos ayudarles.

Cualquiera de mis acciones con tiburones, las de Cristina Zenato, Michael Rutzen, Eli Martinez o cualquier otra persona que sea activista en pro de estos animales, aunque los toquemos y los alimentemos en alguna ocasión, será infinitamente más beneficiosa que matar a un tiburón, por mucho que le moleste a algunas personas.

“Deja a los tiburones en paz” es una frase que he escuchado alguna vez en foros y RRSS. Si realmente todos dejáramos a los tiburones en paz y nos limitásemos a observarlos, no se aprendería nada más acerca de ellos. Decir simplemente que no son tan malos como los pintan, sin hechos, no es suficiente. Para ayudarles, protegerles y difundir su mundo, hay que pasar a la acción, acción que algunas veces les molesta, puede ser, pero como hemos comentado varias veces Zenato y yo, “más vale un tiburón vivo alimentado de forma artificial que un tiburón muerto”.

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